Hoy esuché la siguiente editorial en el programa de radio Panorama. Sencillamente me acordé de Cerrillos mientras lo escuchaba.
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Si hay un gran tesoro que este país desperdicia, ese tesoro es el activismo comunal.
En todas las comunidades de Costa Rica, hay grandes dirigentes. Lo que conocemos como dirigentes comunales son personas que, más allá de su trabajo, dedican el tiempo libre, los fines de semana y las noches a las actividades y las organizaciones del pueblo. Los dirigentes comunales son los grandes promotores de las obras.
Gracias a los dirigentes comunales, en los pueblos hay hogares de ancianos, albergues de niños abandonados, albergues de niñas en riesgo social, casas del alcohólico, sitios de restauración y recuperación de drogadictos, comités de la Cruz Roja y el Cuerpo de Bomberos, juntas escolares y del cementerio, pastorales, así como asociaciones de desarrollo, comités de caminos y comités de deportes.
Todos estos grupos comunales que acabo de mencionar son los responsables del soporte social y de la solidaridad en los pueblos. Sin estos dirigentes comunales, el país andaría a la deriva, porque mentira que al Estado le alcanzan los recursos, el tiempo y la burocracia para atender tantas necesidades. La diferencia la pone la gente.
Me atrevo a pensar que sin los dirigentes comunales no habría ni la mitad de las aulas de escuelas y colegios, ni la mitad de los caminos de penetración, ni la mitad de los puentes que hay en Costa Rica. La democracia económica y la igualdad de oportunidades pasa por todo el trabajo, silencioso, anónimo, muchas veces desinteresado, paciente, tesonero, estresado y abnegado de los dirigentes comunales.
Un dirigente comunal deja el trabajo en su finca, en su negocio, o saca permiso un día en su lugar de empleo, para ir a San José a pedirle ayuda a un diputado, un ministro, un presidente ejecutivo de una institución autónoma… Un dirigente comunal se mete la mano en la bolsa y financia parte de una actividad para convencer al regidor de su municipalidad acerca de la importancia de determinado proyecto. Y si le dicen que sí, el Estado pone el material y los dirigentes comunales aportan el trabajo. Así se han hecho plazas de fútbol, parques, escuelas, colegios, centros de salud y caminos.
Si el gobierno y los partidos políticos lo entendieran, podríamos desarrollarnos juntando el trabajo de tantos y tantos dirigentes comunales, brindándole poder a la gente buena de los pueblos, porque hasta ahora les toca mendigar ayuda, y juntar los cincos en turnos, rifas, cabalgatas, bingos, carreras de cintas, topes y corridas de toros, levantándose de madrugada para hacer tamales, sopas de mondongo y arroz con leche. Encuentro hasta poesía y luz en medio del trabajo comunitario de tantos dirigentes. Por eso, es hora de brindarles una mano, de entregarles lo que se merecen, prestarles atención y potencializar todos sus esfuerzos. Este país se desarrollará sólo si entiende que debe entregarle el poder a la gente.
Camilo Rodríguez Chaverri
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